Tras la tormenta

Umi yori mo mada fukaku, Japón, 2016, 117 min.

Dirección guión y edición: Hirokazu Kore-eda. Fotografía en color: Yutaka Yamazaki. Música: Hanaregumi. Con: Hiroshi Abe (Ryota Shinoda), Yōko Maki (Kyoko Shiraishi), Taiyô Yoshizawa (Shingo Shiraishi), Kirin Kiki (Yoshiko Shinoda), Satomi Kobayashi (hermana de Ryota), Shôno Hayama (estudiante de secundaria). CP: Aoi Pro. Inc., Fuji Television Network, Bandai Visual Co., Gaga Corporation. Prod: Kaoru Matsuzaki, Hijiri Taguchi y Akihiko Yose. Dist: ND Mantarraya.

A pesar de haber tenido una prometedora carrera como escritor, Ryota lleva una vida espinosa: se divorció de su esposa y gasta en apuestas todo el dinero que gana como detective privado, lo que no le permite pagar la manutención de su hijo de once años. La oportunidad de Ryota para intentar ganar de nuevo la confianza de sus seres queridos se presenta cuando un tifón hace que él y los integrantes de su familia se vean obligados a pasar una noche juntos. El más reciente largometraje de Hirokazu Kore-eda recupera el incisivo análisis a las relaciones familiares que el director ha desarrollado en su trabajo previo, a partir de examinar a sus personajes bajo una mirada tierna y agridulce.

Premios y festivales

2016 Selección Oficial de la sección Una Cierta Mirada. Festival de Cannes. Francia. | Selección Oficial de la sección Perlas. Festival Internacional de Cine de Donostia-San Sebastián. España | Selección Oficial de la Competencia Internacional. Festival Internacional de Cine de Chicago. Estados Unidos.

Hirokazu Kore-eda

Tokio, Japón, 1964

Realizó su primer largometraje en 1995, el cual fue premiado en la Muestra de Venecia. Su trabajo fílmico examina las relaciones familiares con una mirada cálida que también retrata las vicisitudes de la sociedad japonesa, como lo hizo en De tal padre, tal hijo (2013) y Nuestra pequeña hermana (2015).

Crítica

Hirokazu Kore-eda parece condenado a la comparación con Yasujirō Ozu. Desde que se estrenara en la ficción con Maboroshi no Hikari (1995), la crítica quiso ver en él a un continuador de la tradición del shomingeki, esos dramas sobre la vida cotidiana de las clases medias que popularizó la productora Shochiku en la edad dorada del cine japonés. Kore-eda es uno de los pocos directores japoneses contemporáneos que recogen y actualizan la inquietud de Ozu y el shomingeki por retratar a la sociedad de su tiempo desde la institución familiar. En Tras la tormenta, un marcado minimalismo es lo que le permite encontrar resonancias más afines a la obra de Ozu, mismas que no se habían visto tanto en sus trabajos previos.

Esta película es restrictiva en lo temporal (abarca sólo unos días en el relato fílmico), en lo espacial (un solo espacio doméstico que totaliza casi todo el metraje), en lo estructural (una larga secuencia inicial y otra final que suponen dos tercios del tiempo total), en sus personajes (centra casi todos sus recursos en profundizar la descripción de su protagonista) y en lo expresivo (no replica la dulzura de Nuestra pequeña hermana [2015] ni el discurso de De tal padre, tal hijo [2013]). Todos estos son trazos minimalistas paralelos a la obra de Ozu. Es más, incluso se sitúa en la época de año de los títulos metafóricos del maestro Ozu: el verano tardío y el paso hacia la melancólica madurez otoñal.

No obstante, Kore-eda explota un recurso habitual de su cine: los depósitos de memoria. El uso de objetos ordinarios llenos de significado al constituir detonantes de los recuerdos de sus personajes, se convierten en ese depositario donde se mezclan la dulzura y la amargura que entrañan los ecos del pasado, lo que da cabida a una combinación cálida de sabores que hacen de la cinta un relato entrañable. En ese sentido, el acercamiento de Kore-eda a las complejidades de la familia recoge mejor que nunca la esencia de Ozu y, por encima de todo, su espíritu.

Fragmentos de un texto de Miguel Muñoz Garnica

El antepenúltimo mohicano (elantepenultimomohicano.com)

Cáceres, 1 de noviembre de 2016