Sieranevada

Sieranevada. Rumania-Francia-Bosnia y Herzegovina-Croacia-Macedonia, 2016, 173 min.

Dirección y guión: Cristi Puiu. Fotografía en color: Barbu Balasoiu. Edición: Letiția Ștefănescu, Ciprian Cimpoi y Lulia Muresan. Con: Mimi Brănescu (Lary), Judith State (Sandra), Bogdan Dumitrache (Relu), Dana Dogaru (Mirica), Sorin Medeleni (Tony), Ana Ciontea (Ofelia). CP: Mandragora, Produkcija 2006 Sarajevo, Studioul de Creatie Cinematografica, Alcatraz Films. Prod: Anca Puiu, Lucian Pintilie, Laurence Clerc y Olivier Théry Lapiney. Dist: ND Mantarraya.

Lary un médico en la cima de su carrera, visita a su familia en Bucarest para conmemorar el aniversario de la muerte de su padre, quien murió cuarenta días antes. Obligado a enfrentar su pasado, Lary deberá reconsiderar su rol en un clan que teme afrontar las verdades sobre esa celebración, que se torna fatigosa al centrarse en enérgicos y radicales debates. El quinto largometraje del rumano Cristi Puiu recupera el análisis político que había presentado en La muerte del señor Lazarescu (2005) y lo vuelca en el retrato de una ácida e irónica estirpe, metáfora del resquebrajamiento ideológico y moral de la sociedad de su país.

Premios y festivales:

2016 Premio de la Sociedad Cinéfila Internacional (ICS) al Mejor Guión. Festival de Cannes. Francia. | Hugo de Oro a la Mejor Película y Hugo de Plata al Mejor Director. Festival Internacional de Cine de Chicago. Estados Unidos. | Selección Oficial de la sección Maestros del Cine. Festival Internacional de Cine de Múnich. Alemania.

Cristi Puiu

Bucarest, Rumania, 1967

En 2001 dirigió su primer largometraje tras regresar a su país después de estudiar cine en Suiza. Cuatro años más tarde, presentó en Cannes la cinta La muerte del señor Lazarescu (Moartea domnului Lăzărescu), trabajo que lo consolidó como uno de los más destacados representantes de la nueva ola del cine rumano.

Crítica

Algunas veces existe en la provocación una dosis mezclada de pudor. Desde su título sin sentido y escrito con una “r” menos, la nueva película de Cristi Puiu es un deseo atrevido e inequívoco, tan sólo por los personajes que lo rigen. Los largos planos secuencias de Sieranevada reúnen a un puñado de seres parlanchines y calurosos en una misma casa; todos ellos miembros de una familia disfuncional que se congrega para una ceremonia de duelo. Hay un personaje central: Lary, un médico cuarentón antipático, hijo de la matriarca del lugar. No obstante, sólo es la sombra de la apuesta narrativa del filme.

Pronto, la dinámica de la familia simboliza la desaparición de lo sacro de la vida rumana contemporánea. El parloteo de todos los personajes en torno a la masacre en las oficinas de Charlie Hebdo, la supuesta gran mitificación del 11 de septiembre [de 2001] o la electrificación de Rumania por el hombre comunista, valen como un discurso sobre la distancia entre hermanos y primos, las relaciones entre generaciones y el estado de las parejas maritales. Esto es la Rumania de hoy. Las puertas que se abren y cierran bajo un ballet de primos refunfuñando y vecinos hambrientos diseñan milagrosamente, a merced del placer, las crisis y las lágrimas, una reflexión doble: la de un país de izquierda carcomido por la fuga de una sociedad que poco a poco entra en decadencia.

La genialidad de Sieranevada radica en que no gira en torno a alguna revelación. La vida continúa, con sus entradas dentro de campos intempestivos, desapariciones discretas y reconciliaciones sin resolver. El tiempo y su desvanecimiento es la otra apuesta narrativa de la cinta. La fatiga de ese interminable medio día en familia, en ese apartamento muy pequeño, ruidoso y lleno de humo, no es más que un abismo del ser humano. Un entorno que a todos nos circunda. El cine es sólo un simulacro de la cotidiano. Y ahí se deposita el entusiasmo desordenado, la riqueza y el humor de esta película.

Fragmentos de un texto de Fabien Baumann

Positif, núm. 665-66

París, julio-agosto de 2016

Traducción: Edgar Aldape Morales