Es sabido que Don Miguel Hidalgo y Costilla era poseedor de una gran inteligencia. Siendo joven se ganó el apodo de “el zorro” gracias a su astucia y ya desde sus años escolares mostró facilidad para las letras y las lenguas además de tener reconocidos dotes para la oratoria. Pronto esta inclinación académica lo llevó a ser catedrático en lenguas, filosofía y teología en el Colegio de San Nicolás, del que también fue —entre otros cargos— rector.  

Una faceta no muy conocida de Hidalgo es la de su amor por la cultura, en especial la de la Francia de la época. Era amante del arte y, mientras se desempeñaba como párroco del pueblo de San Felipe, Guanajuato, su casa era escenario de tertulias y bailes. Las ideas liberales, el intercambio de ideas y el amor por el arte le valieron a la casa el nombre de “La Francia Chiquita”. No cabe duda de que los inicios del movimiento de Independencia fueron fraguados en este ambiente creativo que atraía a muchos y a muchos otros les parecía intolerable por parte de un párroco. El estilo de vida del cura Hidalgo le causó problemas con los conservadores habitantes de San Felipe, incluso se abrió un caso frente a la Inquisición en el que se lo acusaba de blasfemo y libertino, sin embargo estos cargos nunca pudieron probarse.

Y es cierto que Hidalgo estaba lejos de encarnar la imagen del cura completamente entregado a su fe. El gusto del Padre de la Patria por la buena comida, el buen vino y la vida social es bien conocido. Gustaba de manera especial de la música y el teatro, de hecho, tradujo para ser representadas algunas obras de Racine y Moliere. De éste último, el Tartufo era una de sus obras predilectas, una sátira que cuenta las picardías de un falso religioso.

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(Excomunión y fusilamiento de Hidalgo, 1953 por David Alfaro Siqueiros. Obra encargada por el exrector Gregorio Torres Fraga a A. Siqueiros con motivo de la celebración del Bicentenario del Natalicio de don Miguel hidalgo, actualmente expuesta en el Centro Cultural Universitario de la UMSNH)

Las representaciones de Hidalgo

En su libro Una nación, un pueblo, un hombre, sobre Miguel Hidalgo y Costilla, José Herrera Peña hace una recolección acerca de las representaciones visuales del insurgente a través del tiempo. Como explica, no hay retratos que se le hicieran en vida, por lo tanto, la imagen de Hidalgo ha sido sujeta a interpretaciones a lo largo de los años. Por un lado, tenemos al Hidalgo insurgente, militar, ilustrado “en la plenitud de su vida”, dice Herrera Peña; por otro lado, se encuentra el Hidalgo académico y religioso, representado con su levita negra, cabello cano y mirada sabia, entre libros. Este es el Hidalgo que ganó a la historia, su representación más conocida y aceptada.

Sin embargo, aquí queremos presentarte la otra cara de Hidalgo: el traductor, amante del arte, que se reúne con sus amistades a disfrutar de una obra de teatro o un baile. Así es que para celebrar su natalicio, y pasarlo como a él le hubiera gustado, te compartimos Las preciosas ridículas, de Molière, representada por la Compañía Nacional de Teatro.