Nacionalismo musical mexicano posrevolucionario. Generalidades.

Entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado, emergen y se consolidan ideas en torno a la identidad de “lo mexicano”. Se empiezan a gestar imágenes que intentan esbozar y caracterizar aquello propio de la cultura mexicana. Los elementos que sirvieron de apoyo para construir esta identidad fueron una amplia serie de tradiciones, costumbres, lenguaje, música, historias y espacios geográficos que fueron moldeando el pensamiento nacionalista en las diferentes áreas de nuestra cultura: danza, cine, pintura, literatura y música.

Dentro de los diversos aspectos que involucra el nacionalismo, el aspecto indígena fue en el que se fundamentó el pensamiento nacionalista, dado el pasado histórico de nuestro país. Cada compositor encontró su elemento propio, fuese popular o de características indígenas, logrando encontrar un equilibrio entre lo popular y lo culto. En el particular aspecto de la composición musical, fueron varias áreas del ámbito sonoro donde se experimentó con estos elementos para expresar lo mexicano: dimensiones, tempi, texturas, dinámicas, selección de timbres, concepto de la tonalidad, estructuras rítmicas e intensidades. Todas estas en conjunto, crearon un lenguaje que pudo considerarse moderno y actual dentro de los parámetros de la música “internacional” del siglo XX.

A partir la fundación de la Orquesta Sinfónica de México bajo la dirección de Carlos Chávez y su posterior nombramiento como director del Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México, se dio mayor difusión a la música nacionalista en el área de composición orquestal. Un ejemplo de este comentario es la “Sinfonía India” de Carlos Chávez, considerada como una de las obras máximas representativas de este género, la cual en su último movimiento es donde presenta la parte rítmica de origen indígena, así como el uso de diversos instrumentos autóctonos. 

De igual manera y a partir de las clases de composición que impartió Carlos Chávez en el Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México, se consolidó un grupo de alumnos llamado el grupo de los cuatro al cual pertenecieron: José Pablo Moncayo, Daniel Ayala, Blas Galindo y Salvador Contreras. 

Así mismo, Silvestre Revueltas, también considerado como una de las figuras más sobresalientes de este movimiento, desarrolló su obra compositiva con sus particulares características nacionalistas. 

Todos los anteriores, en conjunto, a partir de los estrenos de sus obras con la Orquesta Sinfónica Nacional, impulsaron el movimiento nacionalista en la música en México, consecuencia del movimiento pos revolucionario. 

La música religiosa en Morelia, Michoacán.

A la par del movimiento nacionalista que se desarrollaba en la Ciudad de México, sigilosamente en Morelia, Michoacán se gestó un movimiento musical religioso cuyo objetivo fue dotar de músicos a las diferentes Arquidiócesis del país. Este movimiento tuvo su origen en la encíclica papal llamada Motuproprio del año 1903, cuyo fin fue refundar la música religiosa fundamentando ésta en el Canto Gregoriano así como en la polifonía Palestriniana. Así mismo, esta encíclica establecía el aprendizaje y enseñanza de la composición sagrada, la dirección coral, el órgano y la formación de coros infantiles (niños cantores) cuyo fin era escoger a los niños con más aptitudes musicales para que nutriesen las escuelas de música sagrada fundadas por la Iglesia Católica. 

Lo que comenzó con un coro llamado Congregación de San Tarsicio en la Iglesia de San José en Morelia en el año 1910, que al final se  llamó Orfeón “Pío X”, nombrado así en honor del Papa que promulgó la encíclica mencionada, para el año de 1921 se establecía de manera definitiva la Escuela Superior de Música Sagrada de Morelia, respaldada por el Arzobispo de Michoacán Pbro. Leopoldo Ruiz y Flores, siendo su director el Pbro. José María Villaseñor. De esta escuela egreso Miguel Bernal Jiménez, máximo exponente de la música religiosa, quien, becado por la misma Iglesia Católica, realizó estudios de posgrado en Roma a partir de 1928 y regresó a Morelia en 1933.

La pirekua, características generales. 

Gabriel Saldívar en su libro “Historia de la Música en México” menciona que “La conquista destruyó el poderío tarasco, como los demás del Continente Nuevo, arrancando de cuajo su cultura. Sin embargo, antes de borrar sus manifestaciones puras, el indígena llegó a marcar con su sentimiento y algunas peculiaridades de su expresión la música que se le imponía, pudiéndose identificar todavía sus ritmos en los sones indígenas de Michoacán.”

La pirekua es una pieza que interpreta la comunidad p’urhépecha. Los p’urhépecha son una etnia perteneciente al estado de Michoacán y se ubican en la parte centro-norte del estado. Estos están divididos en cuatro regiones: región lacustre, región de la Sierra o meseta, región de la Cañada de los once pueblos y la región de la ciénaga. 

Cecilia Reynoso comenta en su tesis que los p’urhépecha practican distintos géneros musicales que pueden ser divididos en dos: instrumental y vocal. Al primero pertenecen los sonecitos, abajeños y toritos. Al segundo pertenece la pirekua o canción p’urhépecha, las cuales “expresan sentimientos sobre la vida, el amor, las costumbres, experiencias y problemas que aquejan a una familia o una comunidad”.

De manera más específica, se pueden enumerar diferentes temáticas en la composición de pirekuas, las cuales pueden corresponder con temas como: flores (ejemplo de esta es la llamada flor de canela), la idealización de la mujer, el patriotismo nacional, la ecología, la educación, las desgracias naturales entre otros llegando a ser en conjunto hasta 16 diferentes temas. 

Néstor Dimas menciona que “La pirekua es una composición literario-musical con la que se expresa el pueblo p’urhépecha. Tiene diversos matices y contribuye a la identidad y cohesión étnica. Pirekua es un vocablo en lengua p’urhépecha que quiere decir canto o canción. Las pirekuas son cantadas en p’urhépecha de manera individual, en dueto, trío o en grupos corales; pueden acompañarse con una guitarra o dos, con orquesta de cuerdas, o ser cantadas a capella. Existen dos ritmos: el son o sonecito y el abajeño. El primero es un ritmo de 3/8, suave, pausado, melancólico, casi parecido a un vals; el abajeño es un ritmo de 6/8, más alegre, con más movimiento y que se utiliza en las diferentes danzas de la región. Cabe aclarar que la pirekua se canta con cualquiera de los dos ritmos.

La pirekua es vigente hasta nuestros días y es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO desde el año 2010.

Paulino Paredes, la música sagrada y la influencia de Vincent d’Indy.

Paulino Paredes (1913-1957) fue un compositor michoacano originario de Tuxpan, Michoacán. Obtuvo el Magisterio en Composición en 1940 siendo uno de sus sinodales Manuel M. Ponce. Paredes tuvo como único maestro de composición en la Escuela Superior de Música Sagrada de Morelia a Miguel Bernal Jiménez. 

A partir de la cercanía que Bernal Jiménez tuvo con Manuel M. Ponce desde 1933, éste influyó indirectamente en el devenir de la escuela misma. En 1939 Paulino Paredes fue elegido por Bernal Jiménez para ir a estudiar a Francia y no a Roma como originalmente pudiera pensarse. Es muy probable que se dirigiese a la Schola Cantorum de París fundada por Vincent d’Indy en 1894, desafortunadamente el comienzo de la Segunda Guerra Mundial frustró esta posibilidad y regresó a Morelia. 

A su regreso, Paulino Paredes recibió de Manuel M. Ponce el libro course de composition de Vincent d’Indy. Lo estudió a profundidad y recibió el Magisterio en Composición en 1940.

Vincent d’Indy, compositor de origen francés, estudió con César Franck y Richard Wagner. La influencia de este último fue muy profunda y asimiló su lenguaje armónico. El manejo de la armonía wagneriana en combinación con los principios del Motu Proprio, junto con el estudio de la composición desde el punto de vista histórico provisto por d’Indy, sería lo que aprendería Paulino Paredes de ese libro de composición.

La pirekua como elemento nacionalista en la obra compositiva de Paulino Paredes.

La enseñanza en el área de composición en la Escuela Superior de Música Sagrada de Morelia, hacía una enfática diferencia entre lo que era la música profana y la música sacra, dando a los alumnos la oportunidad de realizar composiciones en el lado profano para saber a profundidad esta diferencia. El Motu Proprio establecía que las composiciones religiosas debían partir de citas del canto gregoriano. 

Después de haber estudiado el course de composition de Vincent d’Indy y tener la facilidad de componer en ambos mundos sonoros, Paulino Paredes desarrolló su creatividad compositiva acercándose al nacionalismo musical mexicano al tomar la pirekua “Flor de Canela” y orquestarla con los elementos adquiridos del libro de d´Indy, titulando este ensayo sinfónico “Bodas Alegres” en 1941, un año después de su titulación. Es a partir de este momento en que se puede considerar la entrada de Paulino Paredes al nacionalismo musical mexicano.

D´Indy sintetizó la armonía wagneriana quedando en el límite colorístico para entrar al impresionismo francés, incluso conoció la obra de Debussy. Esta característica es la que utilizó Paulino Paredes a partir de la obra mencionada y que desarrolló en el resto de su obra sinfónica. Incluso lo títulos de sus obras se orientan en ese sentido casi impresionista: Sinfonía Provinciana, Diluvio de Fuego, Cañón Huasteca, Espalda Mojada. Las anteriores son sus obras sinfónicas más representativas.

En referencia al estreno de sus obras orquestales, a partir del contacto que existió entre Carlos Chávez y Miguel Bernal Jiménez por las invitaciones que recibió éste último para escribir y estrenar varias obras con la Orquesta Sinfónica Nacional, Paulino Paredes intentó varias veces que sus obras fuesen interpretadas también, sin embargo, el mismo Carlos Chávez contestó en noviembre de 1848 a Paulino: “no recuerdo haberle hecho a usted el ofrecimiento formal de tocar la obra, pero de todas maneras yo la paso a la Orquesta Sinfónica Nacional para que la considere en la primera oportunidad”. Tuvo que esperar cinco años para que esto sucediera estrenando su obra Sinfonía provinciana en 1953, con el director invitado Guillermo Espinosa, colombiano, y no con Carlos Chávez como director.

El resurgimiento de la obra de Paulino Paredes comenzó en 1997. Su obra sinfónica llamada “Diluvio de Fuego” compuesta en 1942 basada en el poema homónimo de Enrique González Martínez, tuvo su estreno mundial el 4 de octubre del 2013, setenta y un años después de haberse escrito, a través de mi intermediación y gracias a la disposición y sensibilidad del Mtro. Miguel Salmón del Real, director titular de la Orquesta Sinfónica de Michoacán en ese entonces. 

De Paulino Paredes se conoce ya su obra sinfónica pero aún falta mucho por descubrir, particularmente su obra sacra que consta de misas, motetes, Te Deum, así como obras de teatro infantil con títulos como Piñoncito, Capitán Tortuguita e incluso himnos cristeros. 

Sobre el nombre de la obra “Bodas Alegres”, es la referencia musical precedente al enlace matrimonial de Paulino Paredes y Esther Chávez que se llevó a cabo en 1942.

Ejemplos musicales.

Flor de Canela con orquesta tradicional michoacana grupo “Los purépechas de Jarácuaro” https://www.youtube.com/watch?v=svTFIzT4_9Q

“Bodas Alegres” (1941) con el tema “Flor de Canela” (pirekua) orquestado por Paulino Paredes.

https://www.youtube.com/watcuh?v=-J0x4HgOoR4 (“Bodas Alegres” Orquesta Sinfónica de Michoacán, Eduardo Sánchez-Zuber director, concierto de reinauguración del Teatro Ocampo) minuto 10:00 al 17:45.

Flor de Canela (Canel tzitziki) 

Autor: Domingo Ramos, Zacán, Michoacán. 

Letra en purépecha y en español

Tzitzík urápit shánienga sés jashec shán

ma puntzúmekariá.

Karóni shetangsin por túnguen nona mirícuriniá. 

Ashan uerani,  ashan sentirin nórckin jurácuakiá.

Y ueránsin san, sentirsin por chángsin mionsparin san.

Ka paúani la paúani, chúskuni jarast’, túnguen crókaniá,

Karóni shetangsin por túnguen nona mirícuriniá.

Traducción:

Flor de Canela, suspiro cuando me acuerdo de ti

Suspiro yo, suspiro cuando me acuerdo de ti.

He llorado mucho, he sentido tanto no estar cerca de ti.

Que el recordarte sólo me trae recuerdos

Hermosa flor blanca y perfumada, 

No vayas a olvidarte de mí 

Mira que día con día y noche a noche 

Sólo estoy pensando en ti.

Bibliografía.

Pérez Montfort, Ricardo, “Indigenismo, Hispanismo y Panamercanismo en la cultura popular mexicana de 1920 a 1940”, en Blancarte, Roberto et al. Cultura e identidad nacional. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Fondo de Cultura Económica, México, 1994.

Moreno Rivas, Yolanda, Rostros del nacionalismo en la música mexicana, un ensayo de interpretación, Fondo de Cultura Económica. México, 1989.

Villaseñor, José María. La Escuela Superior de Música Sagrada de Morelia. México, Beatriz de Silva Editores, 1949.

Saldívar, Gabriel, Historia de la música en México, SEP, Publicaciones del Departamento de Bellas Artes, México, 1934.

Reynoso, Cecilia, “El proceso creativo de la pirekua: un estudio de caso”, tesis de licenciatura, UNAM, México, 2011.

Dimas Huacuz, Néstor, “Temas y textos del canto p’urhépecha”, Zamora, Michoacán, El Colegio de Michoacán, 1995.

Archivo de los hermanos Paredes Chávez.