Nació en Taretan, Michoacán, en 1904. Estudió en la Escuela Normal para Maestros de Morelia. Fue maestro rural, misionero cultural, funcionario y poeta. Su producción lírica es abundante pero se concentra en dos volúmenes: Tres Romances, 1941 y Presencia de una voz, 1973. Obtuvo múltiples reconocimientos a su labor: las medallas “Ignacio Manuel Altamirano” y “Cuauhtémoc”, las preseas “Generalísimo Morelos” y “Vasco de Quiroga”; la orden “Rubén Darío en grado de Gran Oficial” que le otorgó el gobierno de Nicaragua y Post Mortem, la presea “Manuel Gamio al mérito indigenista”. Falleció en la Ciudad de México en 1984.

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Romance a mi ciudad

¡Romance de mi ciudad,

bañado con agua zarca,

para endulzarte, en los patios

reventaron las granadas!

¡En la iglesia de San Diego

se bautiza la alborada

por “bolo” distribuyen

cantos de paz, las campanas.


Puñados de niebla joven

en camelinas de gasa;

floripondios que vacían

blancuras en la mañana;

sabor hay de gelatinas


por calles recién regadas;

el sol entra en la ciudad

rodando por la Calzada!


¡Portales donde se esconden

el amor en raya de agua

de papel con filo de oro

y dos palomitas castas,

olor de la fruta de horno

junto a las ollas de horchata,

requiebros del membrillate

a la desnuda cocada!


¡Rosa plegaria de piedra

que levanta entre dos plazas

secular clamor del hombre,

trocado en torres ufanas!

(Contra los ágiles muros,

héroes forjaron la Patria.

Los muros fueron el yunque

y los martillos, las balas).


¡Plaza de Armas rumorosa

en noches de serenata,

cuando vueltas y más vueltas

dan mis garbosas paisanas,

regando luengos adioses

para envolver al que pasa!


¡En la miel de los buñuelos

prendida quedó mi infancia

y mi juventud quedóse

de respaldo en una banca,

latiendo en un corazón

grabado con mi navaja,

entre corona de espinas

y flechas atravesadas!...


¡Por el Jardín de las Rosas

todas las rejas son blandas,

porque estudiantes sin libros,

fácilmente las apartan!


¡La pila de San José

tiene las huellas grabadas

de labios de normalistas

que bebieron en sus aguas

querencias de tiempos mozos

y púberes esperanzas!


¡Se eleva San Agustín

y San Francisco se baja,

los dos esconden la gula

en las mangas de su saya!


¡Subió la Santa María

a ver la ciudad amada

y en la loma se quedó

para siempre a contemplarla;

cestas de fruta le suben,

en agosto, las muchachas!


¡Añoso bosque de fresnos

donde la virtud naufraga.

El portero celestial

en jardinero se cambia;

el Santo planta los lirios

y Satanás los arranca!


¡En la Plaza de Carrillo

la feria nunca se acaba!

¡El corazón y la muerte

se enamoran en “las tablas”,

mientras la muerte se ríe,

el corazón se desangra!


¡Móvil pista de colores,

fijos pegasos de infancia

en que los charros se suben

para aniñarse del alma,

charros de tierra caliente

que su valor aquilatan

perdiendo la vida a locas,

porque en las cuerdas del arpa

vibre un corrido que diga,

junto a sus nombres, su fama!


¡Callecita del Pichel,

por allá en la Soterraña,

tus gallos, gola de iris,

clausuraron sus gargantas,

porque otros “gallos” implumes

despertaron a las damas!


¡Ay, ciudad de mis recuerdos!

¡Ay, capital michoacana!

Si se murieran las rosas,

otras rosas te quedaran:

las rosas de tus mujeres,

de belleza no igualada,

que rezan a San Antonio

y besan en las ventanas!


¡Romance de mi ciudad,

bañado con agua zarca,

para endulzarte, en los patios

reventaron las granadas!