Víctor Manuel Navarro Franco

Nació en Los Reyes, Michoacán, en 1966. Es maestro en Arquitectura por la UMSNH, profesor de la Facultad de Arquitectura de la misma casa de estudios. Formado en el taller poesía de la Casa de la Cultura a principios de los 90 del siglo pasado, fue estudiante del maestro Tomás Rico Cano. Publicó en 1999 Túnel de Vacío, dentro de la Colección Voces Jóvenes. Conserva inédito el poemario Obra Negra. Vive —dice él— entre el mundo físico tectónico de la arquitectura y el mundo ideal, abstracto e inexistente de la poesía.

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De esperar el rocío me ha nacido un hijo sin raíces, 

anclado a tu memoria y cubierto de metal-papel-fragancia, memoria-disfraz-olvido-terciopelo-gruta y llovizna.

De esperar el rocío perdí los párpados,

pesados cortinajes hielo seco acero silicones,

Quedó mi retina fundida con tu imagen de rocío ausente, 

de ciega discrepancia.


De esperar el rocío durmieron mis brazos 

máquinas sin combustible,

imprecisas y vagas criaturas cuaternarias.


Y espero aquí...

A que eclipse el agua, a que el cielo se inunde de avellanas 

Espero espero espero

Cuento multiversos en sistema decimal,

Equinoccios de margaritas y girasoles.


De esperar mi sombra se tejió de caracoles, de redes y acuarelas. 

Solidificado el aire esperó conmigo sin saber a quién.

Esperó esperó esperó

Lo hizo posmoderno, caucásico y hambriento.


No hay descanso en la espera de relojes averiados, 

No hay tiempo en el instantáneo acontecer 

Humedales y gas,

Pólvora y estelas.


Era una burbuja de lava

tu dulce corazón partido en dos.

Era frío y amargo el sabor de cebolla que goteaba de tus ojos. 

Tus ojos...

Lácteas nubes polvo de estrella.

Era roca recién dinamitada

tu pulpo-corazón desprendido de su cuenca.

Era hermoso de verdad, como fabril amanecer de invierno.

Y mi cuerpo fue pez de asfalto en arenoso y seco mar

y tu cuerpo fue sándalo asido al collar del aire

y fuimos tú y yo, solos,

almas al interior del texto

y existimos por vez primera entre palabras

y fuimos uno,

indivisible dualidad

y fuimos uno

singular pluralidad

y fuimos uno como sólo puede ser 

en la ingrávida latitud de un poema.

Este poema está casi nuevo,

Sólo ha sido usado un par de veces,

Primero para escuchar un extraño aleteo... 

Después para visualizar un arcoíris que no existía.

Puedes ahora usarlo con confianza 

Como usarías un pañuelo desechable

O un vaso térmico, da igual.

Tal vez el texto te ayude a liberar algún suspiro equivocado,

O a volver a perder el tiempo perdido;

Quizá te auxilie a recordar un amor

Imposible de recordarse por definición;

Puede que sirva para olvidar

Que hace mucho que no recuerdas ni quien eres.

Usa este poema de tarde o de mañana, 

Úsalo y tíralo después,

Para que nadie más se contamine con él.


Eres Amaranta

mi niña muerta

muerta tan niña de mis alientos

mi niña muerta...

la mónada de todos mis inicios,

mi joya funeraria,

mi hacha votiva

la sal de todas mis lágrimasg

mi vientre anidado al aire en tus pupilas.


Mi niña renaciendo en el dulce olor

de una bomba fragmentaria.

Niña que no envejece.

Colgada en la griega cornisa.

Habitable no-lugar,

común espacio congelado en nuestro tiempos.


Eres amaranta

lo que eres y en donde estás.

Ajeno espíritu.